Durante años, el circuito internacional de festivales fue un mapa. Hoy se parece más a un ruido de fondo constante. En 2026, la industria no se enfrenta a una crisis de contenidos, ni siquiera de talento. Se enfrenta a algo más incómodo: una crisis de interpretación.
Por Ehab Soltan
HoyLunes – Nunca hubo tantos festivales, tantas newsletters, tantos canales de promoción, tantas oportunidades de “estar”. Y, sin embargo, cada vez es más difícil «saber dónde conviene estar».
El problema ya no es qué ocurre en el circuito. El problema es «cómo se está leyendo —y malinterpretando— lo que ocurre».
De la visibilidad como estrategia a la visibilidad como reflejo automático
La industria ha asumido una premisa peligrosa: ‘más presencia equivale a más impacto’. En consecuencia, festivales, cineastas y agentes culturales compiten por aparecer en plataformas que prometen alcance, archivo histórico y comunidad.

Pero la visibilidad sin jerarquía no construye valor; «lo diluye».
Cuando todo es destacado, nada lo es. Cuando cada selección es anunciada con el mismo tono épico, el lector —y el profesional— deja de distinguir entre una oportunidad estratégica y un simple dato administrativo. El circuito se convierte en un escaparate permanente donde «la señal y el ruido comparten volumen».
Este fenómeno no es exclusivo del cine. Es una consecuencia directa de la economía de la atención descrita por Herbert A. Simon: la abundancia de información genera escasez de atención.
El error estructural: confundir cobertura con criterio
Uno de los errores más repetidos en 2026 es asumir que la cobertura editorial equivale a validación profesional. No lo es.
Muchas plataformas —legítimas, históricas, bienintencionadas— funcionan hoy como «repositorios de actividad», no como filtros de relevancia. Cubren porque existen, no porque cada evento modifique el ecosistema.
El resultado es una industria que toma decisiones basándose en:
número de publicaciones,
frecuencia de aparición,
sensación de movimiento.
Pero «el movimiento no siempre es progreso«.
Este sesgo conduce a decisiones mal informadas: películas que queman su recorrido en estrenos irrelevantes, festivales que invierten recursos en visibilidad genérica, profesionales que confunden presencia digital con posicionamiento real.
El European Audiovisual Observatory ya advirtió del fenómeno: más eventos no implica más circulación efectiva de obras.
El cansancio invisible: profesionales saturados, no desinformados
Rara vez se menciona el desgaste humano detrás de este sistema. Programadores, productores, gestores culturales y cineastas «no están mal informados». Están «saturados».
El problema no es la falta de datos, sino la imposibilidad de procesarlos con calma. Cada correo, cada newsletter, cada “última hora” exige una decisión: leer, archivar, ignorar, compartir. En ese contexto, el criterio se erosiona.
Se decide rápido. Se decide por inercia. Se decide para no quedarse fuera.
La sociología cultural lleva tiempo estudiando este fenómeno como ‘decision fatigue’ en entornos creativos.
El verdadero dilema de 2026: elegir menos, pero mejor.
El circuito no necesita más plataformas ni más eventos. Necesita «mejores decisiones».

Decidir mejor en 2026 no significa:
decidir más rápido,
decidir con más ruido,
decidir por miedo a perder visibilidad.
Significa:
decidir con contexto, no con titulares,
decidir con propósito, no por acumulación,
decidir con criterio, incluso cuando eso implica decir no.
La paradoja es evidente: nunca fue tan fácil estar en todas partes, y nunca fue tan difícil «saber dónde importa estar«.
Pensar el circuito sin ruido
Quizá el reto real del circuito de festivales en 2026 no sea tecnológico ni financiero. Es intelectual. Reaprender a leer el ecosistema sin confundir actividad con sentido.
Menos anuncios. Más interpretación.
Menos reflejos automáticos. Más decisiones conscientes.
Porque en una industria creativa, «la visibilidad sin inteligencia no construye futuro: lo aplaza«.
Para muchos cineastas, el circuito se ha convertido en una carrera de fondo mal planteada: más selecciones, más logos, más capturas de pantalla. Pero el problema no es la ambición; es la falta de pausa.
En 2026, elegir un festival no debería ser un acto de ansiedad, sino de lectura estratégica: ¿qué aporta este espacio a mi película más allá de existir una semana?
Porque una obra no se fortalece por estar en todas partes, sino por estar «en el lugar correcto, en el momento correcto y por la razón correcta». Y eso exige algo cada vez más raro en la industria: detenerse a pensar antes de enviar el siguiente formulario.

Fuentes y lecturas recomendadas
Herbert A. Simon –Designing Organizations for an Information-Rich World
[https://www.jstor.org/stable/2237638]
European Audiovisual Observatory – Informes sobre circulación y festivales
[https://www.obs.coe.int/en/web/observatoire/home]
Harvard Business Review – «The Decision Fatigue of Creative Work»
[https://hbr.org/2015/11/the-decision-fatigue-of-creative-work]
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